martes, 26 de julio de 2011

Cuando llegué a esta ciudad



buscaba

gente que estuviera muerta

o en algún otro-lugar salvaje y callado


encontré

gente que aún se busca

en un sagrado acoso de sí misma.





jueves, 30 de junio de 2011

Piano Bar

Sólo escribo sobre cosas reales
dijo con su hermosos dedos azules
desmadejando el aire.

Armó un cigarrillo sobre el piano
eléctrico Roland,
encendió un fósforo &
lo acercó a sus pestañas.

Que afuera llovía & los autos chocaban
es un detalle que a nadie importó.

Lloré.

martes, 21 de junio de 2011

Podría irme mucho peor que estar sentado en Skid Row tomando vino



Parece que no me queda más

que emborracharme con vino de Skid Row


profundizando las ojeras

cultivando una barba rala

y un aliento de tigre resignado

imaginando el Mexico City Blues,

(o el Mar del Plata City Blues, o el

Blues de la Ciudad Rodante,

o el de la Casa con Ruedas,

el de la Mandarina,

o el Blues que sea que me pase por encima)

esperando la iluminación.


Aunque

parece que mis ojos van a cerrarse

antes de estar iluminados.


Me pellizco.

Llamo a los gritos a una mesera,

que se acerca con pasos levemente imaginarios.

Las piernas larguísimas me hacen morder la lengua;

como siempre, no me queda más que gritar:

PUTA.

Pura inercia.


los ojos azules se le hunden en el

delantal a cuadros azules

tiene unos labios hermosos que tiemblan

los ojos se le hunden y yo me caigo en la nada negra de las pupilas

y el vértigo revuelve el vino en

mi estómago ulcerado de

último y más famoso

poeta con problemas hepáticos.


Y como si un porrón de cerveza cayera se estrellara estallara el corazón podrido del bar,

algo se quiebra y algo nuevo es vomitado a la sábana blanca del mediodía


Parece que no me queda más

que asirme del brazo que lleva la bandeja


y volver a gritar:

oh sí, nena,

despertemos.




domingo, 5 de junio de 2011

Mujercita Cigarrillo sostenido con la
mano izquierda Mujercita la noche
enorme se estrella en mi ventana
de cuarto piso Mujercita la noche
es un hurón de vidrio &
se muere adentro tuyo
Mujer
pequeñísimo sexo de espejo La noche
fue hecha para morir de a dos
¿nunca te lo dijeron?

Mujercita quemándose dócil
en mi mano izquierda
mientras la otra escribe



miércoles, 1 de junio de 2011

Jiménez se soltó

el pelo

y caminó hacia el poste mohoso

solo,

rechazando las zarpas de los soldados

madrileños

que no le dispararon porque

un fusilamiento siempre ha requerido de un vivo.


La noche anterior había

hecho el amor con una prostituta albanesa

que se marchó puntualmente de su celda

a las cinco

sin llorar.


Luego durmió tres horas y soñó con

cerdos que se ahogaban en una playa.

A las ocho

no hizo falta despertarlo.


Mientras lo ataban al poste pensó

en la suerte de haberse afeitado

antes de la captura;

en su navaja aún mojada y sucia de pelos;

en su madre y en su hermana viudas;

en el perro andaluz;

en la choza de adobe de sus parientes sevillanos;

en una bandera celeste en un barco inglés;

en que Viva la República.


Después, el sol brilló en

el filo de una

bayoneta

y dejó de pensar.






sábado, 21 de mayo de 2011

Sonia Araquistain

Cavad
y encontraréis los ojos más solitarios del mundo

Georges Henein

Llegó al edificio e hizo una llamada, desde el teléfono de la portería. En vez de llamar desde su habitación del séptimo piso. Después, subió corriendo las escaleras.

¿Con quién hablaba?

No sé. Hablaban en español. Dicen que con un diputado comunista. Dice en el diario, yo no sé con quién hablaba, en verdad. Hablaron unos diez minutos, que es lo que tardo en fumar dos cigarrillos. Fumé dos cigarrillos en el patio mientras la señorita estaba al teléfono.

¿Cómo era su voz?

Nerviosa. Mientras hablaba, estrangulaba un pañuelo a cuadros morados y blancos. Se había sacado los guantes negros y los había dejado en el mostrador. Le sudaban las manos. Sé porque el pañuelo, que se le cayó en el hall mientras corría a la escalera, estaba húmedo.

¿Y los ojos?

Prolijos, delineados con negro, cuando tomó el teléfono. Después de colgar, el maquillaje corrido le hacía ojeras. El rodete también se le deshizo mientras hablaba; encontré el lazo negro con el que se ataba el pelo, al lado del teléfono. Ahora lo tiene Scotland Yard.

¿Y después?

Colgó golpeando el tubo contra el teléfono. Trastabilló camino a la escalera, quebró uno de los tacos aguja de sus zapatos, y se dobló un tobillo. Me apartó de un manotazo cuando quise ayudarla a levantarse. Subió los siete pisos corriendo por las escaleras. Dejó un zapato en el hall, y el otro en el descanso entre la planta baja y el primer piso. Una señora del tercero la vio rasgándose el vestido negro. Cuando llegó al sexto, estaba en enaguas, según otro vecino. Lloraba, y ya tenía la cara negra del maquillaje, tal como la encontraron después.

¿Escuchó la caída?

Sí. Fue un golpecito, como un latido del suelo. Un estibador que hacía una mudanza enfrente la vio caer, y lanzó el grito que hizo bajar a todo el edificio. Parece que aún estaba viva cuando el empleado se acercó, y balbuceó algo ininteligible, seguramente en español. Antes de hacer cualquier cosa, le tapó el cuerpo desnudo con su saco. Eso dice el diario, en verdad; yo salí detrás del padre, que bajó corriendo por las escaleras con la cara llena de espuma, una navaja en una mano y un trozo de vestido en la otra, que soltó en la calle cuando vio a su hija tirada en el asfalto. Todo el peso de la cabeza caía sobre la mejilla izquierda, haciendo que la boca se cerrara como si diera un beso. El tobillo lastimado, el derecho, estaba morado, casi negro. Vi a los enfermeros subirla a la ambulancia, aún envuelta en el saco del estibador, cuidando de no mostrar un centímetro de piel al público que se aglutinó en la acera y en la calle. Una señora gorda de sombrero violeta, estaba particularmente perturbada e indignada por la desnudez de la señorita. El padre subió a la ambulancia sacándose la espuma de la cara con la manga del pijama. El único que lloró fue el estibador.

¿Y usted?

Apague el grabador. Por favor.



¿Cómo era su voz?

Una línea. Un lazo de color verde, un aliento tibio en la nuca.

¿Y los ojos?

Los más solitarios del mundo.

¿Y después?

Después, el aire se hizo añicos.

¿Escuchó la caída?

La escucho todo el tiempo. Me late en el pecho, en el lugar del corazón.

miércoles, 18 de mayo de 2011

Gitanes

‘Escriba un poema sobre esto’

me dijeron.

Desperté, escuché,

anoté:

‘Un círculo’

‘ajá’

‘de gusanos’

‘…gusanos…’

‘comiendo cigarrillos’.

‘ajá’.


Pasos, cerraron todas las puertas,

tal vez a propósito

para que no rezara;

o tal vez no.


El editor es un cabrón,

pensé,

tal vez se lo coman los

monos de la noche,

o tal vez no;

quién sabe.


Suspiré,

encendí un Gitano y

lo tiré al suelo.


Nadie lo levantó.

Me comí los gusanos.

domingo, 15 de mayo de 2011

Muerte de Clara Adrogué

Sólo escuché ruido de cajones.

No cajones estallando contra el suelo

(mi techo),


sino cajones deslizándose:

cajones abiertos,

cajones cerrados,

cajones fluyendo, seguramente,

hacia ella.


Sólo ruido de cajones,

sólo eso.

En ningún momento pensé

en jadeo, en estertores,

en ojos abiertos casi en blanco,


menos en los ojos marrones de María,

que tantas veces deben

haber visto

el mismo paisaje de edificios-aguja

que los míos

por su ventana de quinto piso.


Ojos míos que, por lo tanto,

también están

un poco en blanco,

un poco muertos.

(¿no?)


Sólo eso.

En ningún momento pensé en ojos muertos,

ni en cosas frías en general;

ni siquiera pensé en goteras.


En fin,

ya te dije:


cajones,

sólo cajones.


En todo caso:

sólo cajones

y María

fluyendo hacia ellos.

Vive o muere pero no huevees

Anoche estuve a punto de morir/tres veces.
Tan a punto que los cigarrillos se volvieron
sombras enormes de puñales
y no pude ni llorar
porque la Muerte me apretaba tan fuerte los testículos
con unas manos grises /implacables y aburridas.

Así que ahora,
quiero decir,
desde ahora,
escribiré un poema por día
sin falta.
Por si acaso,
cosa que ella vea que
he puesto manos a la obra,
que he dejado de huevear.

Entonces busco
un vacío,
un pozo cualquiera donde
meter la mano
(y perderla, acaso)

y encuentro, sorprendentemente,
una lapicera.

sábado, 14 de mayo de 2011

Nada es libre

Cada cosa en la que creo

(este mate, por ejemplo),

cada cosa que sostengo se descascara

y muestra sus tajos.


este mate, por ejemplo,

este mate que gotea,

este mate que,

bajo su piel,

gotea.


Nada nuevo,

todo gastado,

todo preso de sus cicatrices.

miércoles, 11 de mayo de 2011

Tres veces

L amore, cosa scomodo e burbero di nominare


decía mi abuelo, viejo poeta italiano

estrellado contra la muerte

y el lenguaje.


Y yo,

que sufro el lenguaje tanto como el

amor;


yo que lo sufreo

y lo desveo

como a una ola filorosa y hielaica;


yo que lo sinsiento

y maniquemo

como a un árbol flaquítico;


yo que le sangro encima

pegoteándole los recovecos

asqueándole las cavidades;


yo que sabía el nombre de ciertas cosas

pero ya no,


digo: sí


amor

cosa llena de asperezas,

de dequeísmos

(¿amor dequédico?),

incomodensurable,

cosa arisca como la

orgasma ventánica

que tanto se le parece.


Y sin embargo algo fluye

en y a lo largo de esta

estrella incómoda

en el centro de una bandera roja.


Y en una de esas puntas estás vos;


entonces digo:

amor masturbado

genuplexo

al centro

(una arista cualquiera

tuya

es el centro

en torno al cual yo

orbitiemblo

lloro

vertivomito)


Entonces escribo tres páginas de un cuaderno rojo

y digo,

citando a mi abuelo muerto y doliente:


¡El Amor, lo áspero y difícil de nombrar!


Entonces percisiento mi

mano acalambrada

de escrear


e imagino al viejo tano

haciendo gala de su español recién aprendido

diciéndome:


¡Estúpido!

¡Estúpido!

¡Estúpido!


tres veces.

domingo, 24 de abril de 2011

Último poeta italoargentino


Jiménez se despertó

con un trapo empapado en vinagre

tapándole los ojos.


Afuera, la ciudad,

(es decir los techos, la velocidad,

la sordera, el amor estridente)

se despertaba

(es decir se agazapaba

en un rincón blanco de la noche flácida,

largando un gritito cada tanto,

dejándose desnudar).


Todo esto afuera;

adentro, la ciudad

callaba.


Adentro.

Sí.

Pero,

¿callaba cómo?

¿adentro o afuera de qué?


Jiménez de pronto quiso quitarse la venda

pero se encontró con que estaba pegada a la almohada

y a su cara.


Y, naturalmente, quiso conservar sus cejas,

la única cosa bonita que le quedaba.

viernes, 22 de abril de 2011

Oh, quebrada

Todo lo que tengo es tan poco dable

que prefiero enterrarlo para que nazca

nonato


Todo lo que tengo es tan…

de alguna manera todo se las arregla para

ser impenetrable


Los libros ya no se crispan.

antes sí, antes

se agrietaban de gozo o de tedio cuando los tocaba,

ahora ya no se crispan.

Oh,

ni siquiera me miran,

Oh, ye, dime nena,


A un Spinetta de barrio obrero le gruñirían


Pero a mí,

colgado del eco de mi resaca terrazística…


Oh, nena,

ni siquiera miro lo que pienso

ni siquiera tengo libros a los que les tema


Pareciera que me mandaran a acostar

para que los muebles se desnuden de cotidianeidad

y bailen

ante la orgasma ventánica


oh, cópula de vidrio yuxtapuesta,

oh, quebrada

arisca onomatopeya


oh, vidrio,


¿hace cuánto que no tengo vidrio entre mis piernas?


¿cómo saber

el gemido de los muebles

desde la llanura de un cigarrillo

en la que se queman y nacen todas las

tardes y todas las cárceles?


Oh, beso de las hornallas,


Oh, beso redondo del mediodía eternauta


Oh, el yugo grabado a través del

leslie parlante de las horas


¿Cómo quebrar?


ante todo, cómo quebrar

ante todo lo que tengo

sin regalar

un centímetro?

lunes, 18 de abril de 2011

Primero de la década


MAÑANA, donde nace un río inconcluso


MAÑANA es un bote, un puente o una

cabaña que viaja


MAÑANA SON LOS OJOS DEL PUENTE

que te miran cruzar, pero no;

miran al que viene detrás, pero no;

y así


MAÑANA NUNCA SERÁ UN NÚMERO

ni siquiera estará dividido en parcelas


MAÑANA es un manojo de calles

y la dodecafonía de los ojos cerrados

que al sudarle al mundo (que se mece)

se abren como malvones o camisas


MAÑANA se parece a un cuadro

que nunca sabré si viste


MAÑANA se termina con los últimos dedos

de la tarde

colgando de los parpados del que canta


. . .


MAÑANA, NUNCA CALLAR


MAÑANA, DIBUJAD MIL ONOMATOPEYAS

entre los edificios


MAÑANA, ABRUMAD AL IDIOTA


MAÑANA, DECIDME ‘OH’ AL OÍDO, AL DESPERTAR,

y dibujadme a la sin nombre para

que no la alcance

y ame a otra

y así no muera nunca

y nunca pare de nacer


OH, MAÑANA, HACÉ LO MISMO CONTIGO

Y NUNCA PARES DE NACER!