Tan a punto que los cigarrillos se volvieron
sombras enormes de puñales
y no pude ni llorar
porque la Muerte me apretaba tan fuerte los testículos
con unas manos grises /implacables y aburridas.
Así que ahora,
quiero decir,
desde ahora,
escribiré un poema por día
sin falta.
Por si acaso,
cosa que ella vea que
he puesto manos a la obra,
que he dejado de huevear.
Entonces busco
un vacío,
un pozo cualquiera donde
meter la mano
(y perderla, acaso)
y encuentro, sorprendentemente,
una lapicera.
Genial poema
ResponderEliminar