domingo, 15 de mayo de 2011

Muerte de Clara Adrogué

Sólo escuché ruido de cajones.

No cajones estallando contra el suelo

(mi techo),


sino cajones deslizándose:

cajones abiertos,

cajones cerrados,

cajones fluyendo, seguramente,

hacia ella.


Sólo ruido de cajones,

sólo eso.

En ningún momento pensé

en jadeo, en estertores,

en ojos abiertos casi en blanco,


menos en los ojos marrones de María,

que tantas veces deben

haber visto

el mismo paisaje de edificios-aguja

que los míos

por su ventana de quinto piso.


Ojos míos que, por lo tanto,

también están

un poco en blanco,

un poco muertos.

(¿no?)


Sólo eso.

En ningún momento pensé en ojos muertos,

ni en cosas frías en general;

ni siquiera pensé en goteras.


En fin,

ya te dije:


cajones,

sólo cajones.


En todo caso:

sólo cajones

y María

fluyendo hacia ellos.

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