jueves, 30 de junio de 2011

Piano Bar

Sólo escribo sobre cosas reales
dijo con su hermosos dedos azules
desmadejando el aire.

Armó un cigarrillo sobre el piano
eléctrico Roland,
encendió un fósforo &
lo acercó a sus pestañas.

Que afuera llovía & los autos chocaban
es un detalle que a nadie importó.

Lloré.

martes, 21 de junio de 2011

Podría irme mucho peor que estar sentado en Skid Row tomando vino



Parece que no me queda más

que emborracharme con vino de Skid Row


profundizando las ojeras

cultivando una barba rala

y un aliento de tigre resignado

imaginando el Mexico City Blues,

(o el Mar del Plata City Blues, o el

Blues de la Ciudad Rodante,

o el de la Casa con Ruedas,

el de la Mandarina,

o el Blues que sea que me pase por encima)

esperando la iluminación.


Aunque

parece que mis ojos van a cerrarse

antes de estar iluminados.


Me pellizco.

Llamo a los gritos a una mesera,

que se acerca con pasos levemente imaginarios.

Las piernas larguísimas me hacen morder la lengua;

como siempre, no me queda más que gritar:

PUTA.

Pura inercia.


los ojos azules se le hunden en el

delantal a cuadros azules

tiene unos labios hermosos que tiemblan

los ojos se le hunden y yo me caigo en la nada negra de las pupilas

y el vértigo revuelve el vino en

mi estómago ulcerado de

último y más famoso

poeta con problemas hepáticos.


Y como si un porrón de cerveza cayera se estrellara estallara el corazón podrido del bar,

algo se quiebra y algo nuevo es vomitado a la sábana blanca del mediodía


Parece que no me queda más

que asirme del brazo que lleva la bandeja


y volver a gritar:

oh sí, nena,

despertemos.




domingo, 5 de junio de 2011

Mujercita Cigarrillo sostenido con la
mano izquierda Mujercita la noche
enorme se estrella en mi ventana
de cuarto piso Mujercita la noche
es un hurón de vidrio &
se muere adentro tuyo
Mujer
pequeñísimo sexo de espejo La noche
fue hecha para morir de a dos
¿nunca te lo dijeron?

Mujercita quemándose dócil
en mi mano izquierda
mientras la otra escribe



miércoles, 1 de junio de 2011

Jiménez se soltó

el pelo

y caminó hacia el poste mohoso

solo,

rechazando las zarpas de los soldados

madrileños

que no le dispararon porque

un fusilamiento siempre ha requerido de un vivo.


La noche anterior había

hecho el amor con una prostituta albanesa

que se marchó puntualmente de su celda

a las cinco

sin llorar.


Luego durmió tres horas y soñó con

cerdos que se ahogaban en una playa.

A las ocho

no hizo falta despertarlo.


Mientras lo ataban al poste pensó

en la suerte de haberse afeitado

antes de la captura;

en su navaja aún mojada y sucia de pelos;

en su madre y en su hermana viudas;

en el perro andaluz;

en la choza de adobe de sus parientes sevillanos;

en una bandera celeste en un barco inglés;

en que Viva la República.


Después, el sol brilló en

el filo de una

bayoneta

y dejó de pensar.