miércoles, 11 de mayo de 2011

Tres veces

L amore, cosa scomodo e burbero di nominare


decía mi abuelo, viejo poeta italiano

estrellado contra la muerte

y el lenguaje.


Y yo,

que sufro el lenguaje tanto como el

amor;


yo que lo sufreo

y lo desveo

como a una ola filorosa y hielaica;


yo que lo sinsiento

y maniquemo

como a un árbol flaquítico;


yo que le sangro encima

pegoteándole los recovecos

asqueándole las cavidades;


yo que sabía el nombre de ciertas cosas

pero ya no,


digo: sí


amor

cosa llena de asperezas,

de dequeísmos

(¿amor dequédico?),

incomodensurable,

cosa arisca como la

orgasma ventánica

que tanto se le parece.


Y sin embargo algo fluye

en y a lo largo de esta

estrella incómoda

en el centro de una bandera roja.


Y en una de esas puntas estás vos;


entonces digo:

amor masturbado

genuplexo

al centro

(una arista cualquiera

tuya

es el centro

en torno al cual yo

orbitiemblo

lloro

vertivomito)


Entonces escribo tres páginas de un cuaderno rojo

y digo,

citando a mi abuelo muerto y doliente:


¡El Amor, lo áspero y difícil de nombrar!


Entonces percisiento mi

mano acalambrada

de escrear


e imagino al viejo tano

haciendo gala de su español recién aprendido

diciéndome:


¡Estúpido!

¡Estúpido!

¡Estúpido!


tres veces.

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