L amore, cosa scomodo e burbero di nominare
decía mi abuelo, viejo poeta italiano
estrellado contra la muerte
y el lenguaje.
Y yo,
que sufro el lenguaje tanto como el
amor;
yo que lo sufreo
y lo desveo
como a una ola filorosa y hielaica;
yo que lo sinsiento
y maniquemo
como a un árbol flaquítico;
yo que le sangro encima
pegoteándole los recovecos
asqueándole las cavidades;
yo que sabía el nombre de ciertas cosas
pero ya no,
digo: sí
amor
cosa llena de asperezas,
de dequeísmos
(¿amor dequédico?),
incomodensurable,
cosa arisca como la
orgasma ventánica
que tanto se le parece.
Y sin embargo algo fluye
en y a lo largo de esta
estrella incómoda
en el centro de una bandera roja.
Y en una de esas puntas estás vos;
entonces digo:
amor masturbado
genuplexo
al centro
(una arista cualquiera
tuya
es el centro
en torno al cual yo
orbitiemblo
lloro
vertivomito)
Entonces escribo tres páginas de un cuaderno rojo
y digo,
citando a mi abuelo muerto y doliente:
¡El Amor, lo áspero y difícil de nombrar!
Entonces percisiento mi
mano acalambrada
de escrear
e imagino al viejo tano
haciendo gala de su español recién aprendido
diciéndome:
¡Estúpido!
¡Estúpido!
¡Estúpido!
tres veces.
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