Parece que no me queda más
que emborracharme con vino de Skid Row
profundizando las ojeras
cultivando una barba rala
y un aliento de tigre resignado
imaginando el Mexico City Blues,
(o el Mar del Plata City Blues, o el
Blues de la Ciudad Rodante,
o el de la Casa con Ruedas,
el de la Mandarina,
o el Blues que sea que me pase por encima)
esperando la iluminación.
Aunque
parece que mis ojos van a cerrarse
antes de estar iluminados.
Me pellizco.
Llamo a los gritos a una mesera,
que se acerca con pasos levemente imaginarios.
Las piernas larguísimas me hacen morder la lengua;
como siempre, no me queda más que gritar:
PUTA.
Pura inercia.
los ojos azules se le hunden en el
delantal a cuadros azules
tiene unos labios hermosos que tiemblan
los ojos se le hunden y yo me caigo en la nada negra de las pupilas
y el vértigo revuelve el vino en
mi estómago ulcerado de
último y más famoso
poeta con problemas hepáticos.
Y como si un porrón de cerveza cayera se estrellara estallara el corazón podrido del bar,
algo se quiebra y algo nuevo es vomitado a la sábana blanca del mediodía
Parece que no me queda más
que asirme del brazo que lleva la bandeja
y volver a gritar:
oh sí, nena,
despertemos.
... o "parodiando a Kerouac".
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