martes, 21 de junio de 2011

Podría irme mucho peor que estar sentado en Skid Row tomando vino



Parece que no me queda más

que emborracharme con vino de Skid Row


profundizando las ojeras

cultivando una barba rala

y un aliento de tigre resignado

imaginando el Mexico City Blues,

(o el Mar del Plata City Blues, o el

Blues de la Ciudad Rodante,

o el de la Casa con Ruedas,

el de la Mandarina,

o el Blues que sea que me pase por encima)

esperando la iluminación.


Aunque

parece que mis ojos van a cerrarse

antes de estar iluminados.


Me pellizco.

Llamo a los gritos a una mesera,

que se acerca con pasos levemente imaginarios.

Las piernas larguísimas me hacen morder la lengua;

como siempre, no me queda más que gritar:

PUTA.

Pura inercia.


los ojos azules se le hunden en el

delantal a cuadros azules

tiene unos labios hermosos que tiemblan

los ojos se le hunden y yo me caigo en la nada negra de las pupilas

y el vértigo revuelve el vino en

mi estómago ulcerado de

último y más famoso

poeta con problemas hepáticos.


Y como si un porrón de cerveza cayera se estrellara estallara el corazón podrido del bar,

algo se quiebra y algo nuevo es vomitado a la sábana blanca del mediodía


Parece que no me queda más

que asirme del brazo que lleva la bandeja


y volver a gritar:

oh sí, nena,

despertemos.




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